A propósito de los asesinos de la creatividad: ¡Actitud!.
8
Nov
Category: Otros Artículos
A veces, la importancia de lo que se dice también está en cómo se dice, más allá de lo que es políticamente correcto o no. En general, utilizamos un lenguaje según cada interlocutor, y una cosa distinta es cómo nos decimos las cosas a nosotros mismos, a los demás, en confianza o pour le galerie. Así como usamos máscaras sociales según con quién nos relacionamos, también hay cierto “maquillaje verbal”· según lo que decimos y a quién se lo decimos (y ni hablar del lenguaje gestual, que delata a mucha gente que con la palabra nos dice que sí, que está todo bien, y con los gestos, sabemos que en realidad, está pensando todo lo contrario…).
Esto que vamos a leer ahora implica palabras muy sencillas, y de la vida real, del trabajo real, lo que se escucha en el horario del almuerzo o en un after office. Es decir, vamos a llamar a las cosas por su nombre, con las frases hechas y sin ninguna originalidad, siempre guardando los buenos modales… Pero esto es lo que logrará la mayor identificación.
La creatividad, como muchas otras cosas en la vida, es una cuestión de actitud. Seguramente todos hemos conocido casos de gente creativa cuyas ideas no se ponen en práctica, como casos de gente que nos resulta un completo misterio: nunca se les cae una idea y sin embargo, son como el sol, siempre están. Y nos preguntamos, ¿cómo es posible que A, que es mucho más creativo que B, nunca consigue triunfar con sus ideas y B, que es “paracaidista”, está casi siempre en el candelero? Ni hablar de los que siempre son reconocidos y recompensados cuando en realidad, el trabajo se les ocurrió a los “fantasmas”, los que están detrás, los que no se ven, pero están y son los verdaderos “artistas”.
Este es un tema de actitud, de autoestima o de buen automarketing. Acaso no hemos escuchado también varias veces eso de que:
“Tenía una idea genial y me la sacaron o me la copiaron o me madrugaron…”
“A mí siempre me roban las ideas.”
“Si lo digo yo no sirve, pero lo dice Pepe del primer piso y es una genialidad.”
“ A mí me deben espiar… Tengo que encriptar todo.”
“No tengo ningún acomodo, por eso no me escuchan…”
“ Soy un genio pero no me entienden.”
“Yo soy para otro país, para otra empresa, para otros etc. etc. etc.”
Es cierto que muchas de estas frustraciones vienen por lo que venimos leyendo con Germán: pululan los asesinos de la creatividad (frase fuerte y sin lugar a equívocos). Algunos son asesinos a sueldo y otros, ni eso, matan sólo por el placer de matar (metafóricamente hablando, claro). Una cosa es cuidar la quintita y otra, ser una envidia con piel y huesos y derrumbar todo, sólo por el deseo de destruir o por una competencia enfermiza (algunos llaman a esto mediocridad, inseguridad o complejo de inferioridad).
¿Qué hacer con toda la gente talentosa no escuchada, incomprendida, plagiada, relegada?
Pedirles que trabajen sobre su actitud. Lograr la moderación entre “soy un genio” y “no sirvo para nada”, es decir, una autoestima sana y equilibrada. Tanto la persona que se cree número uno, con un ego que ocupa toda la organización, como el que ya ni habla porque teme no ser tenido en cuenta sufren trastornos de autoestima. Ambos tienen voces interiores que les distorsionan su visión.
El trabajo de ser asertivos y equilibrados no es fácil. Se va adquiriendo con la experiencia, pagando derechos de piso, aprendiendo, fracasando y volviendo a empezar. Nadie puede ser el número uno siempre. Es una tarea desgastante y agotadora. Pero nadie tampoco puede ser un fracaso en todos sus proyectos.
A veces se puede recurrir a un soporte profesional, a un coach, a alguien que ayude a desenterrar los tesoros perdidos en nuestro interior. O recurrir a prácticas complementarias como yoga o meditación, para hacer introspección, bajar un cambio y tener una buena autovaloración y automotivación. Lo importante es estar armonizados y recuperar la confianza en nosotros mismos. No es fácil, pero no hay que dejarse aplacar por todos los “no” que recibimos a diario, no hay que victimizarse en la incomprensión ni echarles la culpa de todos a los demás, no hay que eternizarse en la queja, aunque muchas veces tengamos razón, y sea cierto esto de que: nos toman de punto, no caemos bien, no nos quieren. Lo cierto es que no vamos a trabajar para que nos quieran (por supuesto que si se crean lazos afectivos en el trabajo, mucho mejor), ni podemos caerle bien al 100% de las personas. Todos tenemos gente con la cual congeniamos, gente que nos resulta indiferente y gente que no nos interesa en lo más mínimo. Pero para trabajar, hay que manejar ciertos recursos diplomáticos, que hacen a la convivencia y a la funcionalidad de la organización y que preservan nuestra salud física, mental y emocional. No somos una isla, trabajamos solos y en equipo, y mantener buenas relaciones es un punto fundamental para nuestro crecimiento personal y profesional.
Si sos de los que se sienten perseguidos por la injusticia, la ignorancia, las malas artes, la envidia, la competencia deshonesta y los oídos sordos, lo primero es mirar hacia adentro, equilibrar la autoestima, autovalorarte, enfocarte en tus proyectos, mantener el entusiasmo a pesar de todo y CAMBIAR DE ACTITUD. Es necesario prestarle más atención a lo que decimos, a nuestras posturas, gestos, al modo en que nos comunicamos y nos relacionamos con los demás. ¿Observamos bien las circunstancias y nuestro desempeño?¿Cómo transmitimos lo que se nos ocurrió? A veces con un simple análisis de nuestras fallas, reconocemos el error que nos lleva a crecer, a buscar nuevas oportunidades, a arriesgarnos una vez más. Es cierto que hay ambientes amenazantes, pero a veces, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.
Hace falta coraje. Es hora de hacer un buen balance entre el afuera y tu interior, asumir responsabilidades y buscar alternativas para que tus ideas se concreten. A veces es insistir hasta dar con la organización o la persona adecuadas; otras veces, el camino es el proyecto propio, el emprendimiento, pero sea cual fuere la alternativa, basta de quejas, de lamentos y de inacción. Tu tiempo es ahora y el mundo siempre está buscando cosas nuevas. No te pongas más excusas ni culpes a los demás: para obtener resultados nuevos hay que ir por caminos nuevos. Es necesario olvidar los fracasos, el inventario de los “no”, hacer un balance objetivo de lo que pasó, aprender de esos errores y empezar otra vez, con algo diferente. No es el camino más fácil, pero es el correcto. Porque al mejor estilo de las tradicionales series de acción… ¿no vas a dejar que triunfen los asesinos, verdad? La respuesta es: actitud de creador. Enfrentar la injusticia. Y no darse nunca por vencidos…
Cristina Alemany
Gerente Editorial
V&R Editoras
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Noviembre 26th, 2009 at 11:53 am
Excelente artículo Cristina. La expresión de nuestra creatividad es una de las cosas más difíciles . Estos asesinos de la Creatividad no solo están en el exterior de nosotros, el mundo, sino que se han colado dentro de nuestras fronteras personales…y lo han hecho sin que nos percatemos. Una vez adentro han establecido oficinas permanentes que fomentan temores, edifican bloqueos y establecen aduanas. Todo ello sin que nos demos cuenta. Nuestra delicada creatividad enfrenta así todos estos obstáculos internos, que sumados a los externos, nos mantienen en la zona estéril de nosotros mismos. Esa zona donde las ideas fallecen de inanición o son exterminadas por las herramientas ominosas de la tala inmisericorde. La lucha fundamental, como bien dices, está allí, dentro de nosotros y solo nosotros podemos ganarla. Es una lucha permanente contra los fantasmas agresivos del temor y la inseguridad, hijos ilegítimos de una autoestima bajita y unos prejuicios libidinosos.
Creo que es muy importante dotar a las personas de herramientas adecuadas para librar esta lucha. Pero, en las arcaicas concepciones empresariales de la pirámide administrativa, puede haber campo para la liberación interior? Tolerarán los “jefes” que sus subordinados florezcan? Solo los más inteligentes , tipo Steve Jobs. Porque ellos también andan de inseguridad en inseguridad, atados a los presupuestos y su personales bonificaciones por reducción de gastos. Y, en las empresas que he conocido, el primer gasto que se recorta siempre es el de la llamada “educación” o training.
Como dijera el abanderado del calentamiento global y ex-candidato presidencial Don Al Gore: “Cómo lograr que la gente entienda algo si su sueldo depende de no entenderlo?” Contradicciones del sistema, que son muchas y nos llevan al absurdo. Pero para pelear en el campo externo es menester vencer en el interno. Primero adentro. Lo de afuera vendrá por añadidura. Cordial saludo.